Discurso

Palabras del Presidente Iván Duque en la celebración de los cien años de la aerolínea Avianca

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Bogotá, 29 de enero de 2020.

 

Para mí estar esta noche en esta conmemoración tiene muchos significados.

El primero, saber valorar lo que es una empresa que durante cien años ha estado presente en la vida de nuestro país.

Cien años en una industria competida, exigente, de altibajos, de múltiples desafíos. Y cien años mostrando lo mejor de la empresa, que son sus  empleados, sus trabajadores, las familias que hemos visto hoy llevando con orgullo este símbolo que es de Colombia y de Colombia para el mundo.

Un aplauso para todos los trabajadores, empleados y directivos de la compañía.

Lo que quiero también compartirles a ustedes es que hace unos días llegó a mis manos un libro de un historiador norteamericano, que se planteaba el origen y la evolución de la aviación.

El historiador David McCullough escribía un bello libro  sobre los hermanos Wright. Y ahí se hablaba de cómo Wilbur y Orville Wright, a comienzos del siglo XX, por allá en 1907, hicieron el primer vuelo de lo que era la conquista de los cielos, donde se materializaba una apuesta de siglos, que inclusive estaba en los ejercicios soñadores de Leonardo Da Vinci.

Y en 1908 esos dos hermanos estaban patentando el diseño que se conoció como el aeroplano.

Lo interesante de la historia narrada por McCullough fueron todas las vicisitudes, los obstáculos y también la obstinación, la perseverancia, el deseo de materializar un sueño y de abrir un camino para conectar a los ciudadanos, de conectar puntos de la geografía.

Cuando estuve mirando todas esas historias y estuve reflexionando sobre lo que significaba esta noche, pude valorar el esfuerzo titánico de unos ciudadanos que se encontraron a finales de 1918  para darle vida a un sueño: tener la primera aerolínea de las Américas.

Ahí veíamos ciudadanos colomboalemanes y nos encontrábamos también, con hombres visionarios y soñadores como don Gonzalo Mejía, que nunca pensaron que el dinero era un obstáculo, sino que pensaron en cómo unir sueños con otros para darle vida a lo que se conoció como la Sociedad Colombo  Alemana de Transporte Aéreo.

Ese año de 1919, donde nace Scadta, coincide también con el nacimiento de nuestro país de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC), dos hermanos paralelos en la conquista de los aires.

¿Y cómo empezaron esos sueños? Con los pilotos, que materializaban lo que querían los emprendedores.

Y ahí podemos recordar a Helmuth von Krohn, que hizo la primera aventura aérea en nuestro país, tomando un Junkers F13 y empezando ejercicios entre Barranquilla y Puerto Berrío, entre Barranquilla y Puerto Colombia, y entre Barranquilla y Girardot.

Así nació Scadta, con seis aviones. Y fue demostrando, con el pasar de los años,  que podían conectar a un país en una geografía tan compleja. Con geografías que, en ese momento, sin radares, llamaban a lo mejor del talento y la innovación humana.

Esos pilotos, que llevando sus cartografías manuales, fueron los que empezaron a unir el territorio de Colombia con mayor velocidad.

De esos Junkers F13 la compañía fue evolucionando. Fue evolucionando y veinte años después hizo su transformación a un nuevo nombre, Avianca, Aerovías Nacionales de Colombia.

Y ese nombre trajo también nuevas tecnologías, nuevos trabajadores.

Llegaron además los DC4, que fueron tan emblemáticos y que todavía los encontramos en algunos lugares del territorio y nos preguntamos cuánta pericia y cuánto talento demandaban de los pilotos, porque fueron las primeras experiencias aéreas para llegar a otros lugares del mundo.

Así se fue formando esta empresa. Y hoy hay que reconocer algo. Sí, son cien años. Pero estamos hablando de la primera aerolínea en las Américas y la segunda aerolínea que se conozca por los historiadores en el mundo.

Aquí en Colombia, con el talento de nuestros ciudadanos, pero también invitando a un talento progresivo con ciudadanos de otros lugares del mundo.

Cruz de Boyacá

Esa es la gran importancia de celebrar estos cien años, de una empresa que muestra la resiliencia, el talento y la capacidad innovadora de un país que nada lo doblega y que siempre quiere seguir mirando con éxito hacia el futuro.

Ese es un orgullo que yo siento hoy como Presidente, al entregarle la Cruz de Boyacá a esta empresa que lleva cien años llenándonos de orgullo a los colombianos.

En estos cien años la empresa por supuesto ha tenido múltiples transformaciones. Ha pasado por distintos momentos gerenciales, por distintos momentos difíciles de la industria, pero siempre ha sacado lo mejor de su gente.

Avianca hoy

Hoy estamos hablando de una aerolínea que en la estructura del holding tiene más de 21 mil empleados, tiene más de 11 mil empleados en Colombia; 39% mujeres.

Estamos hablando de una compañía que tiene 156 aviones, que tiene hoy 75 destinos en más de 20 países. Es decir, estamos hablando de una empresa con visión global, una empresa que quiere seguir conquistando fronteras.

¿Y porque hago toda esta valoración histórica? Porque estamos en un momento de la historia de la humanidad donde tenemos que saber apreciar lo que son las empresas. Las empresas no son fábricas para producir dividendos, las empresas tienen vida propia y la vida está en sus trabajadores.

Generaciones, como lo veíamos hoy. Padres, hijos, abuelos que se formaron para prestar un servicio y que se formaron también para sentirse parte inherente de una compañía.

Veíamos también cómo las empresas cuando generan empleos dignos, estables, transforman socialmente a un país.

Y vemos también cómo una empresa como Avianca es capaz de jalonar industrias creativas como el diseño, la tecnología, el desarrollo de aplicativos; cómo logra transformar el servicio al cliente, cómo logra también llegar con servicios de procesos automatizados y cómo también puede permitirles a muchísimos jóvenes,  en distintos lugares del territorio nacional, ser parte de los servicios de telefonía, de servicios en telefonía y servicios digitales.

Hoy podemos valorar que las empresas, cuando van atravesando el paso del tiempo, es cuando más tienen que reflexionar sobre cómo hacerse permanentes.

En los últimos treinta años han quebrado más de veinte aerolíneas a nivel mundial y ver una compañía que lograr perdurar por cien años, reinventarse y sortear los avatares de una industria tan competida, donde entran a jugar múltiples factores, nos tiene que hacer sentir a todos nosotros orgullosos.

Queremos un país con empresas como Avianca. Que nazcan, que crezcan, que perduren y sean capaces de vivir más de cien años, porque este país es ante todo un país de emprendedores.

Quiero también hacer una conexión.

Avianca ha conectado la riqueza colombiana con el mundo

¿Por qué Avianca está conectada emocionalmente con Colombia?

Este es un país maravilloso. Este es un país único, un país que tiene el 50% de los páramos del mundo. Un país que tiene el 35% de su territorio en Amazonía, que tiene el 50% de su territorio cubierto por selva tropical húmeda.

Un país que puede tener la mayor biodiversidad por kilómetro cuadrado después del Brasil. Un país que tiene desarrollos costeros, que tiene esos ecosistemas diversos y que tiene también ese palpitar cultural, que cuando lo disfrutan los extranjeros, solamente pueden tener el sentimiento de seguir viniendo y seguirlo disfrutando.

Avianca ha sido protagonista de conectar esa riqueza con el resto del mundo.

Avianca ha servido para que nuestro país construya una industria turística que alcanzó en el año 2019 el mejor año del turismo en la historia de Colombia, con más de 4.5 millones de visitantes no residentes. Un país que logró la mayor tasa de ocupación hotelera en más de quince años.

Y eso no sería posible si no tuviéramos aerolíneas que más allá de prestar un servicio aéreo, están llevando un mensaje de país.

Así lo sentimos en los servicios de entretenimiento, donde muchos de los pasajeros pueden disfrutar documentales y testimonios donde se aprecia esa riqueza de Colombia. Pero también se aprecia la riqueza de los demás países que están hoy conectados por esta empresa con vida propia.

Hoy realmente podemos decir que Colombia se abre al mundo y el mundo llega a Colombia. Y parte de esa transformación se debe a tener una aerolínea que por cien años ha hecho de Colombia ese símbolo de su identidad.

Como Presidente de nuestro país, celebrar estos cien años significa también valorar lo que es el futuro, y la responsabilidad que tenemos desde el Gobierno para incidir en el futuro, incidir en el turismo, en la conectividad aérea y en la calidad de servicios.

Nueva infraestructura

Hoy me acompaña acá el Director de la Aerocivil (Juan Carlos Salazar) y sabe que tiene un mandato claro en este Gobierno, seguir fortaleciendo la infraestructura aérea de Colombia.

Vamos a entregar en los próximos doce meses cerca de cuatro infraestructuras aeroportuarias modernas para seguir conectando a los colombianos.

Y vamos a apostarle también para que sigamos viendo crecer El Dorado, para que sea ese aeropuerto hub de competitividad que demanda nuestro país.

También tenemos una puesta, hacer un aeropuerto nuevo en Colombia, el primer aeropuerto nuevo en muchos años.

Y aquí lo sabe muy bien el Director de la Aerocivil, que yo tengo ese compromiso con la región cafetera de Colombia. Antes del 7 de agosto del 2022 tenemos que estar aterrizando en el Aerocafé, que será el nuevo aeropuerto para conectar una de las regiones más ricas de nuestro país con el mundo y con todos los destinos que tiene Colombia.

Esas son apuestas grandes, pero también tenemos que mirar a cómo tenemos una mejor regulación que nos permita ser cada vez más competitivos.

El desarrollo de la industria aeronáutica será fundamental en las metas que tenemos como país.

Avianca ha sido testigo de lo que ha pasado en Colombia en cien años. De un país que sorteó muchas dificultades políticas. Que sorteó también las dificultades más temibles del narcotráfico en los años 80 y 90.

Que pudo ver también como Colombia avanzaban en la reducción de pobreza y en ver a Colombia hoy llegar a la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).

Avianca ha sido testigo de cómo a nuestro país llegan inversionistas y cómo también sale la inversión colombiana a otros destinos.

Yo siento que estos cien años son el testimonio de cómo Colombia ve crecer una empresa y cómo una empresa ve crecer a nuestro país.

Y por último, no puedo dejar de hacer una mención y la hago con un gran sentido de orgullo.

Recuerdo de Gonzalo Mejía

Hace cien años, don Gonzalo Mejía se reunía con un grupo de amigos alemanes para crear Scadta.

Prácticamente cien años después, su bisnieta está hoy trabajando en Avianca. Y eso también muestra que aún las familias se siguen encontrando en la construcción de la historia empresarial de nuestro país.

La nieta de don Gonzalo está aquí y sabe lo mucho que significa para mí.

Pero yo quiero decirles a todos ustedes, a todos los que han hecho de Avianca el patrimonio que es, hoy nos sentimos orgullosos y queremos verlos todos los días mejorando el servicio, mejorando en destinos y convirtiéndose, como lo han sido en los últimos años, en la mejor aerolínea de Latinoamérica.

Muchísimas, muchísimas gracias.

(Fin/gta)

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