Discurso

Palabras del Presidente Iván Duque durante la reafirmación de los compromisos del Pacto Bicentenario

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Bogotá, 7 de agosto 2020.

 

Buenos días a todos.

Para mí es un honor estar en esta importante celebración del 7 de agosto, en esta casa histórica, un lugar donde Libertador Simón Bolívar pasó momentos muy especiales y momentos desafiantes de su vida como gobernante, pero también de su vida personal.

Yo estaba escuchando con atención la intervención de nuestro Vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, y reflexionaba sobre tantos historiadores que se preguntaron por esos años, por esos meses del Libertador en esta Quinta.

Recordaba algunos de los testimonios de Vicente Lecuna o de Gerhard Masur o de Mancini o inclusive los que planteaba el propio maestro Arciniegas, el maestro Carbonell, recientemente los que se planteaba María Arana o John Lynch.

Y ciertamente en este lugar hay algo especial, el Libertador recibió esta casa en 1820, una época muy parecida a ésta, como un obsequio por todo lo que había sido su entrega y su trabajo denodado por construir la libertad.

Pero fue también en esta casa donde los últimos diez años del Libertador estuvieron también marcados por momentos muy retadores, las dificultades para la consolidación de la Gran Colombia, las dificultades que vinieron a su mente después de las deliberaciones de la Convención de Ocaña.

También, las preocupaciones genuinas  por las peleas intestinas al interior de su cuerpo generales, pero también las preocupaciones sobre las dificultades de consolidar en los albores de la República, una sostenible Hacienda Pública y también poder garantizar la protección de lo que fue el Ejército Libertador.

Fue en esta casa donde él y su compañera Manuelita Sáenz pudieron planificar lo que sería una partida hacia un nuevo momento de la vida, que el Libertador nunca logró materializar.

Y fue también en esta casa, donde se escribieron importantes cartas del Libertador a muchos de sus más cercanos colaboradores y también a muchos de quienes lo ayudaron en la etapa embrionaria de la gesta libertadora.

Pero también hoy, 7 de agosto, recordamos momentos especiales.

Nosotros hemos dicho que este es el Gobierno del Bicentenario y me complace tener aquí presentes a tantos amigos, gobernador (del Meta) Juan Guillermo (Zuluaga), muchas gracias por estar acá, doctor Barragán, gracias; también a los gobernadores en los acompañan virtualmente, a Mauricio a Nicolás, también es saludar a Salomón, saludar a nuestro gobernador de Arauca (José Facundo Castillo).

Porque en esta celebración del Bicentenario hemos honrado momentos especiales; estuvimos en Pore, estuvimos en Tame, estuvimos también en Boyacá, estuvimos en Santander compartiendo y recordando lo que fue esa gesta maravillosa.

Pero una gesta que también representó para el propio Libertador un desafío personal, porque en esos encuentros a finales de 1818, y los que se adelantan en el primer semestre de 1819, nos encontrábamos en un momento todavía de ilusiones.

Los encuentros entre Santander, Bolívar, Anzoátegui, Urdaneta y la llegada de miembros de la Legión Británica fueron decisivos.

Ahí sale y sobresale la figura de Juan Nepomuceno Moreno, también sobresale la llegada de un joven de 17 años con la legión Británica que fue Daniel Florencio O’Leary que acompañó a Bolívar en el cruce  del Páramo de Pisba.

La campaña de los Llanos en un invierno inolvidable, donde narraban algunos de los historiadores que el agua llegaba casi a la parte superior del pecho de los caballos, pereció no solamente mucha de la fuerza, de lo que era una embrionaria caballería, sino también no tenían prácticamente dónde dormir en jornadas que eran incansables.

Y fue justamente, también, en esos encuentros, donde el Libertador tiene que apelar al ‘León de Apure’, a José Antonio Páez, para que le colabore con algunas de sus tropas en lo que parecía una hazaña, pero que, para muchos en su momento era un acto suicida, que era cruzar el páramo de Pisba.

Y ahí, Daniel Florencio O’Leary, en una de las narraciones más espectaculares, cuenta cómo el propio Libertador retando, de alguna manera, a las tropas de Páez, para que lo siguieran, se amarró las manos e hizo un cruce en uno de los puntos más caudalosos de nuestros ríos en las llanuras.

Y ahí se ganó él un ambiente de legitimidad, y apareció la figura del coronel Rondón, que con su liderazgo le dijo al Libertador que lo acompañaría. Páez no tuvo más remedio que decirle a muchos de sus huestes que lo hicieran.

Y en ese cruce fallecieron decenas de hombres y mujeres qu estaban-como narraban algunos- harapientos que, no es un término despectivo, sino era realmente, la desprovisión total de finas ropas y la desprovisión total de armamento sofisticado.

De hecho, muchas personas tuvieron que atravesar el páramo, como se dice coloquialmente, en alpargatas o sencillamente descalzos.

Fue la llegada a uno de los puntos importantes.

En Socha se recuerda cómo la comunidad recibió al Ejército Libertador y muchos prepararon uniformes, los bordaron en un tiempo récord.

Y el Libertador decide sorprender las tropas de Barreiro ese 7 de agosto.

Ahí estaban también Córdoba, estaba también la figura histórica del General Santander, y muchos más.que estaban en un momento decisivo de la patria.

Ese 7 de agosto de 1819 quedará inscrito en la memoria de todo un país, como ese momento sublime, ese momento de la gran batalla, de la gran sorpresa, y donde pudo más el ímpetu de la libertad que las sofisticadas tropas de Barreiro.

Esos recuerdos del Bicentenario los vivimos a plenitud el año pasado en el Puente de Boyacá, donde con los gobernadores, que hoy nos acompañan virtualmente, materializamos el anhelo de que esta fuera una celebración que no se quedara solamente en la remembranza, en los discursos, en los testimonios de los historiadores o en los monumentos;  sino que pudiéramos transcender y hacer la conmemoración del Bicentenario dejando un ambiente de obra pública, que reconociera aquellos departamentos de heroísmo sublime en la conquista de la libertad.

Y a mí me complace que en medio de las dificultades fiscales y gracias, también, a la perseverancia  y el trabajo creativo de dos valiosas mujeres que me acompañan hoy acá nuestra Vicepresidenta Marta Lucía Ramírez y nuestra superministra de Transporte, Ángela Orozco, se pudo concebir con los gobernadores un proyecto, en el que la Nación aporta el 70 por ciento, las gobernaciones aportan el 30%.

Y podemos construir cerca de 2.3 billones de pesos en obra pública para mejoramiento de vías que son necesarias para la conectividad y también para hacer ese recuerdo señorial de lo que fue una gesta inigualable.

Hoy ese Pacto lo estamos celebrando pero lo estamos celebrando con un tema muy concreto, y es que se ha incluido para el Presupuesto Nacional del año 2021, estos recursos con lo que empezamos a materializar el Pacto Bicentenario.

Recursos que van a tener una ejecución, claro, quisiéramos la más rápida posible, muchas por las propias complejidades de la obra tendrán una condición que cubrirá varias vigencias, pero empezamos ya, y empezamos a cumplir ese Pacto para dejarle a departamentos cuyo heroísmo hoy recordamos, esas obras para el desarrollo y para los más necesitados.

Me alegra ver los proyectos en Arauca, los proyectos en el Meta, los proyectos en Santander, en Boyacá, en Cundinamarca; y me alegra además que el compromiso de trabajar en equipo se hace fehaciente.

Yo tengo aquí una lista de algunas de esas obras que quisiera mencionar: el mejoramiento de 54 kilómetros y la construcción de la segunda calzada en la vía Zipaquirá- Barbosa.

El mejoramiento de 85 kilómetros en la vía la Lejía – Saravena; el mejoramiento de 94 kilómetros; el mejoramiento de 86 kilómetros en Socha- La Cabuya-Paz de Ariporo; el tramo de 42 kilómetros en Puerto Boyacá-Otanche-Chiquinquirá.

El mejoramiento de 82 kilómetros en Duitama-Charálá-San Gil; el mejoramiento de 41 kilómetros en la vía Pajarito-Aguazul; el mejoramiento de 37 kilómetros en la vía Vado Hondo--Labranzagrande-Yopal.

Estas son iniciativas muy ambiciosas e importantes y que van  marcara la materialización de más de 20 mil empleos, en un espíritu que encaja con lo que nosotros hemos llamado el ‘Compromiso por Colombia’, un plan de reactivación que tiene concebidos más de 100 billones de pesos y por lo menos un millón de empleos para que aceleren la reactivación de nuestro país.

Y qué bueno decirlo hoy, aquí, en esta casa, la casa del Libertador, en la casa de  ese gran soñador, gran realizador, y el más eximio de los pensadores políticos de su época.

El Libertador siempre pensó en la conectividad territorial. Se sorprende uno cuando hay narraciones de conversaciones que tuvo el Libertador con José Ignacio de Márquez,  con Pedro Gual, con el propio José María del Castillo y Rada quien fuera su director de la Hacienda Pública.

O la que tuvo con Domingo Caycedo, donde él estaba concibiendo una nación interconectada con una gran visión productiva, dándole, además, las primeras pinceladas de lo que sería una Hacienda Pública sostenible, con el concurso y apoyo de otras naciones.

Hoy podemos decir que en esta celebración  del 7 de agosto, en esta celebración de nuestra Independencia, le rendimos homenaje a nuestros héroes, les rendimos homenaje a nuestros campesinos, le rendimos homenaje a todos aquellos que contribuyeron a darnos la libertad con un Pacto Bicentenario, con un Plan Vial Bicentenario que empieza su ejecución.

Estos procesos requirieron estudios, diseños, requirieron licenciamientos, estarán teniendo los procesos de Confis, Conpes, para que en el año 2021 la ejución marque una pauta de reactivación económica.

Y termino diciendo lo siguiente: cuando se hacen muchas reflexiones en la historia de nuestro país –lo mencionaba esta mañana-hay algunos que conocieron y trataron el Libertador a profundidad, uno de ellos fue Luis Perú de Lacroix , que falleció años después de la muerte del Libertador, y dejó escrito un bello diario que se conoce como el Diario de Bucaramanga, donde el Libertador pasa varios días en una villa y conversan sobre múltiples materias.

El Libertador describe al Mariscal Sucre, describe a Córdoba, habla de muchas de sus expectativas, pero, sobre todo, él empieza a definir su vida como una vida de dificultades, de adversidades marcadas por la pérdida de su padre antes de cumplir los tres años, de su madre a los nueve años, después la muerte de su hermano Juan Vicente que estaba buscando armamento para la causa libertadora.

Después de lo que serían las pérdidas de personas cercanas, que lo acompañaron en la gesta y que lo acompañaron también en la construcción de la nación.

Y el Libertado que siempre se definía como un hombre que enfrentaba las dificultades decía que lo más importante para enfrentar las adversidades, era siempre tener claro cuál es el propósito vital.

Creo que esta descripción suya es aplicable a nuestro país. Nuestro país ha pasado por muchas dificultades pero nunca pierde su propósito  vital.

Por eso nuestra nación a lo largo de la historia ha enfrentado desastres naturales, pandemias como la se vivió hace101 años, gobernador Barragán, cuando llegó la  Peste Española al altiplano cundiboyacense, y en Tunja causó unos estragos que todavía se recuerdan y hay epidemiólogos que lo narran.

Se recuerdan también momentos muy complejos de crisis económicas internacionales que los tuvo que sortear el entonces Ministro de Hacienda, Esteban Jaramillo.

Se recuerdan también momentos de confrontaciones como fue la confrontación del siglo XX con el Perú, pero siempre se resalta que nuestro país no pierde el propósito vital y es el propósito del progreso.

Estamos en medio de una pandemia -y las pandemias nos pueden traer retos que están en un mar de incertidumbres-, pero el país ha logrado consolidar medidas en términos de salud, coordinaras con alcaldes y gobernadores, y les agradezco profundamente a todos ustedes.

Y ha logrado también empezar una recuperación o una reactivación productiva, que necesita este compromiso con Colombia, para inyectar inversión y generar empleo, pero con un mensaje: hoy, en medio de la pandemia, nuestro país no deja de pensar en grande y piensa en grande con el Pacto Bicentenario.

Estas obras que estaremos viendo avanzar y que estaremos viendo en los próximos meses y años inaugurarse, serán un símbolo de que en un momento de pandemia, Colombia no paró, progresó.

Y que Colombia no se dio por vencida, sino sacó esa garra que la caracteriza, que le entregó a los departamentos que participaron en la gesta libertadora, y que muchos han sido azotados por adversidades, obras que representan la oportunidad para pequeños productores, para muchas familias y que también son una agenda clara de competitividad.

Así que, Vicepresidenta, mi felicitación porque sé el empeño y el trabajo que usted le ha puesto a esta tarea, tarea que usted, en la celebración del Bicentenario puso como prioritaria.

Y yo quiero exaltar también a Ángela María Orozco porque en el servicio público, como lo diría en su momento también el Libertador sobre el Mariscal Sucre, hay dos tipos de funcionarios: hay funcionarios que son extraordinarios en el escritorio y en la administración, y otros que son extraordinarios, como diría el Libertador, en el campo de batalla, en este caso en el campo de las obras.

Yo creo que usted deja también hoy un mensaje muy claro: nosotros en nuestro propósito de construir y de concluir, seguimos adelante.

Me honra como Presidente la República que en este 7 agosto del año 2020, el Plan Bicentenario pase de ser un anhelo, pase ser un sueño, pase de ser un proyecto, a convertirse en una realidad.

Muchísimas, muchísimas gracias.

(Fin/epr/agp/lms/fgp/bco)

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