Palabras del Presidente Iván Duque en el XXIV Encuentro de la Jurisdicción de lo Contencioso Administrativo

Discurso

Palabras del Presidente Iván Duque en el XXIV Encuentro de la Jurisdicción de lo Contencioso Administrativo

Foto: Efraín Herrera - Presidencia

Pasto, 12 septiembre 2018.

 

Esta reunión significa mucho para mí porque en los primeros días cuando tuve el honor de haber sido elegido Presidente de los colombianos con la mayor votación de nuestra historia electoral, dije que Colombia tenía que construir la unidad en torno a los grandes propósitos nacionales.

Que en esa tarea no podía haber vanidades, que lo que debe primar es el interés genuino del gobernante de pensar en el supremo interés de la patria y para ello hay que construir un diálogo social y un diálogo con los poderes públicos.

Y recordarán ustedes, apreciados Magistrados, que una de las primeras tareas que adelanté con muchísimo afecto por la institucionalidad fue haber visitado las Altas Cortes para decirles que aquí tendrán un Presidente respetuoso de su independencia, pero con la más clara vocación de invitarlos a que podamos construir juntos por el bien de nuestro país.

En esa reunión surgió el compromiso de mi parte de acompañarlos en esta jornada y hoy vengo no solamente a honrar mi palabra, sino a ratificar mi voluntad de construir ese pacto por la justicia con ustedes apreciados magistrados.

La historia de la independencia de poderes es muy rica y la historia de la tridivisión del poder que empezó con postulados en la reciente modernidad; como diría uno de los más fervientes historiadores de la rama judicial en el mundo, Michael J. Sandel, empieza por la reflexión que hacía Montesquieu, donde la rama judicial es una especie de árbitro en la sociedad.

De árbitro porque garantiza que el poder legislativo promueva las leyes y las saque adelante, que el poder ejecutivo las cumpla, pero sobretodo que los ciudadanos las interioricen, no solamente con el sentido de aplicación tajante donde si hay alguna conducta en contravía se sanciona, si no en convertir la ley en un instrumento genuino de pedagogía en la conciencia individual y colectiva de la sociedad.

Por eso esta mañana, cuando venía preparando ideas para compartir hoy, miré en la Casa de Nariño la figura siempre ferviente y gloriosa de José Ignacio de Márquez, ese gran jurista que acompañó al Libertador y que sobre sus hombros están los primeros visos de la institucionalidad jurídica de la patria.

José Ignacio de Márquez decía: “Que la justicia es justicia cuando realmente logra que la sociedad la cumpla y la aplique por el imperativo moral de hacer de ella un contrato social”.

Decía también José Ignacio de Márquez, apreciados Magistrados, que el Consejo de Estado en 1817 surgía como una herramienta para acompañar y asesorar también el desarrollo de las políticas públicas y así lo concibió el Libertador.

Y después con la evolución natural del derecho con la influencia de los pensadores y juristas franceses en las figuras que adoptó Colombia, el Consejo de Estado y la Jurisdicción Contencioso Administrativa ha sido intérprete y garante de las responsabilidades del Estado y un árbitro en las relaciones de la ciudadanía con el Estado.

Por eso venir hoy a este encuentro tan importante es para recordar que Colombia es grande como República y como democracia, gracias a que ha tenido jueces probos, jueces comprometidos y una Rama Judicial que ha sabido siempre preservar su independencia.

Ese es un reconocimiento que como país tenemos que hacer todos los días para nunca caer en el pesimismo de pensar que el vaso está medio vacío porque institucionalmente ha estado siempre medio lleno y el objetivo nuestro es acabarlo de llenar como República.

Todas estas observaciones tienen que servirnos para entender que hoy Colombia requiere un debate serio en materia de legalidad.

La legalidad de nuestro país tiene que ser una conquista permanente en todo el territorio y mucho más cuando se ha olvidado por parte de algunos que han pretendido desde la criminalidad amenazar la institucionalidad, que la legalidad aquí no está sujeta a negociación, y que es la propia Constitución Nacional la que nos exige hacer cumplir en todo el territorio con el precepto de proteger la vida, honra y bienes de todos los colombianos, apreciados magistrados.

Preocupa la legalidad cuando hay 7 mil millones de dólares al año de contrabando. Preocupa la ilegalidad cuando vemos crecer de manera exponencial los cultivos ilícitos. Preocupa la ilegalidad cuando seguimos viendo grupos armados organizados recorrer lugares del territorio y pretender tener por la vía de las armas la capacidad intimidatoria de las instituciones.

Preocupa la ilegalidad cuando vemos que detrás del narcotráfico hay ecocidio. Cuando detrás del narcotráfico existes cadenas de lavado de activos y aún más cuando vemos a la juventud de nuestro país hoy sentirse amenazada en las calles, en los parques, en las puertas de los colegios porque existen ‘jíbaros’ que ostentan su libertinaje y que terminan produciendo graves daños en las familias colombianas.

Por eso lo que tenemos que buscar los colombianos, todos unidos, es que la legalidad triunfe y la legalidad implica que entendamos que la discusión no es solamente sobre los derechos, sino también sobre los deberes. Que se olvida muchas veces esa discusión en el fragor de la política o en la calentura de los discursos.

La sociedad construye legalidad cuando quién reclama los derechos también entiende que tiene que cumplir los deberes y que los deberes tienen que ser el fiel cumplimiento de la Constitución y de la ley en todo el territorio.

Por eso, cuando aquí se ha hablado de paz en Colombia, yo creo que tenemos que de una vez por todas entender que no podemos seguir cayendo en esa falsa división entre amigos y enemigos de la paz, porque todos los colombianos la queremos construir y la mejor forma de construirla es con el más puro de los pactos sociales que es la Constitución Nacional.

La paz de nuestro país la tenemos que construir sí, en los territorios; sí, llegando con la respuesta integral del Estado; sí, garantizando que en los territorios somos capaces como nación de cerrar brechas, somos capaces de llegar con la inversión social a quien la reclama y que los derechos no se queden como letra muerta estampillada en una Carta Política.

Pero también construir esa paz requiere que de una vez por todas los colombianos como nación digamos que no existe ideología, ni causa política que justifique un asesinato, un secuestro, una extorsión o la destrucción de la infraestructura y mucho menos la producción de ecocidio.

La construcción de la paz requiere que hagamos una revisión profunda de los errores que se han cometido.

Que tengamos la verticalidad todos de derrotar la corrupción en cualquiera sea su manifestación y allí tenemos que trabajar el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial en ser implacables.

En que la política también cambie sus formas, en que tengamos un sistema electoral donde se sancione ejemplarmente a los que cometen delitos contra el sufragio, a que apelemos a las sanciones más drásticas para los que pretenden llegar a la administración pública como husmeadores presupuestales y salir con los bolsillos abultados de dinero.

La construcción de la paz implica que todos, absolutamente todos, derrotemos la corrupción y estoy seguro que este camino de un pacto por la justicia donde estén los poderes públicos permita tener esperanza y la esperanza que tanto reclaman los ciudadanos.

Yo creo que hoy más que nunca tenemos que hablar a los colombianos con franqueza y aquí quiero responderle al buen amigo al Gobernador de Nariño cuando hacía la referencia entorno a la construcción de la paz.

Yo he dicho que sobre los acuerdos del Teatro Colón y sobre el desarrollo de los acuerdos, vamos a honrar el compromiso para que las personas que han entrado en un proceso de desmovilización, desarme y reinserción, lo puedan hacer exitosamente entrando a una vida de convivencia y de concordia.

Pero igualmente seremos drásticos todos para que no haya repetición y no existan personas que pretenden burlarse de la institucionalidad que abrió los caminos de la paz.

Yo espero también que se le pueda dar una respuesta clara al grupo armado organizado ELN. Yo celebro que haya personas que estén retornando hoy a sus hogares después de haber padecido la tragedia oprobiosa del secuestro y ratifico hoy, ante los jueces de este país, que si hay genuina voluntad de paz, ahí estará el Gobierno.

Pero el principio de una genuina voluntad de paz empieza con la liberación de todos los secuestrados y de los que siguen hoy privados de su libertad, que ese grupo informe con precisión el estado de esas personas, indique cuándo regresarán a sus casas. 

Y también quiero ser claro, si queremos construir una paz con ese grupo armado organizado, ellos mismos deben empezar por la más clara de las voluntades que es la suspensión de todas las actividades criminales, apreciados Jueces.

Porque si no empezamos por ahí, terminamos validando la violencia como un medio de acceso a la negociación con el Estado.

Ese ha sido un error histórico que se ha cometido en Colombia pero no estoy aquí para reprocharlo.

Creo que tengo la legitimidad y al mismo tiempo la humildad para reconsiderarlo porque si nosotros aceptamos que se hable de paz cuando se producen actos de violencia, lo que estamos diciéndole al país es que la violencia es un mecanismo legitimo para llegar al oído del Estado y eso sí lo que termina es debilitando las instituciones, la legalidad, la Constitución y la ley.

Por eso el mensaje de parte mía es claro: Si hay esa suspensión de actividades criminales, esa terminación, y la liberación de los secuestrados, aquí habrá interlocución.

Quiero en ese sentido decirles a todos ustedes, que hemos avanzando en un proceso franco con las Cortes para dialogar sobre el futuro de la justicia.

Yo no creo que una discusión sobre la reforma la justica deba cimentarse simplemente, como pretendían algunos quizás con carácter mediático en hacerlo,  tratando de aludir que había una crisis moral sistémica en la justicia, cuando realmente lo que había era unas manzanas podridas.

 

La justicia no puede caer en una generalización y la reforma a la justicia no obedece a esos casos particulares porque entonces no estamos hablando de una reforma seria, sino estamos hablando de una reforma reactiva.

Por eso lo que hemos propiciado y lo que hemos querido desde el Gobierno es a través de la Comisión Interinstitucional de la Justicia, abrir un diálogo pensando en la justicia como lo que debe ser: un servicio público cercano al ciudadano, que valore los derechos del ciudadano, que tutele los derechos del ciudadano y que haga sentir a todo ciudadano que tiene algo sublime que lo protege que es la Constitución y la ley.

Ese diálogo que ha sido franco y constructivo, y les agradezco profundamente a los Presidentes de las Cortes, ha permitido que la señora Ministra comparta opinión, comparta además expectativas que tenemos.

Y lo ha recogido usted bien, doctor Bula, la reforma a la justicia no termina con el proyecto que presentaremos en estos días, es un inicio en el marco de unas reformas de rango constitucional quizás, pero debe continuar en el proceso de reformas detalladas a ciertos códigos, de reformas administrativas, de decisión política.   

Porque todos los que estamos hoy acá lo que queremos es que la justicia sea cercana al ciudadano. Que fortalezcamos ese criterio de la selección de talento para que la Rama siga siendo el reservorio de la excelencia académica y ética de la nación.

Que los magistrados sigan caminando por las calles y que cuando los vean los ciudadanos, al igual que los jueces, con la frente en alto, con el cuerpo erguido, vean ahí el distintivo de una persona que brilla por su integridad ética.

Eso es lo que todos deseamos, que tengamos esa política de talento para reclutar a los mejores para que lleguen a la Rama, que vayamos a las facultades de Derecho y busquemos esos estudiantes de excelencia y los invitemos a entrar a la Rama y que porten con excelencia, además, el sentido de ser un juez de la patria.

Yo espero que este camino que hemos recorrido, que empieza también por reconocer eso y por el fortalecimiento, como usted también bien lo decía doctor Bula, de fortalecer las primeras y segundas instancias, nos permita tener más arraigo judicial, herramientas para poder medir, exaltar el trabajo de los jueces en los territorios, de los magistrados en los territorios para que la calidad de sus providencias las hagan lucir y no necesariamente el tener que migrar a los centros de poder en las capitales, porque de lo contrario nadie podrá ver sus éxitos.

La digitalización, la tecnología permite ahora poder hacer esas valoraciones.

Y aquí lo que todos queremos es que la justicia mejore todos los días y usted lo ha planteado bien. Hay problemas presupuestales porque no podemos pedirle a la Rama que haga milagros cuando tiene recursos que están sujetos a vaivenes de incertidumbre.

El Gobierno Nacional quiere avanzar en esa dirección.

Y yo debo decirles que en estos días de diálogo que han tenido con la ministra, han salido algunos principios iniciales de esa reforma, que desde luego, son perfectibles en el debate parlamentario; pero que han permitido construir con ustedes confianza, tranquilidad transparencia, claridad, sobre temas.

Yo creo que la voluntad que en expresado las Cortes para hacer una revisión sobre las facultades electorales, no con la idea de eliminar las todas, pero sí de hacer una modernización donde se preserven algunas y otras se puedan transferir, independizando aún más la labor de los jueces, la recojo además, como un gran éxito de ese diálogo.

Creo que el haber hablado sobre aumentar y además incrementar inhabilidades, donde además, se faculta a las salas plenas la suspensión de los magistrados que han cometido conductas indecorosas, son también avances importantes de este diálogo.

Y valoró además ese requisito de tener 20 años de servicio para llegar a ser magistrado a una Alta Corte. Y celebró además que haya existido apertura para que recojan esa idea que hemos planteado, donde dentro de esos 20 años de experiencia, tiene que haber trasegado por lo menos 5 años en la Rama, como juez o como magistrado de Tribunal, porque eso lo que valida, es el derecho y el deber de estar en la Rama Judicial.

Yo valoro que se haya abierto además la posibilidad de que en el proceso de selección de los magistrados también, al interior de las corporaciones, haya audiencias públicas de confirmación, para que la ciudadanía vea ese intercambio de conocimientos y la solvencia y la sapiencia de quienes deben administrar justicia.

También creo que el hecho de haber abierto la posibilidad para que los Magistrados de la Comisión de Disciplina Judicial sean seleccionados por la Comisión de la Carrera Judicial por méritos. Es también un principio de diálogo.

Creo que además haber contemplado el fuero para los jueces penales es importante para protegerlos en su independencia y garantizar que tengan todas las herramientas para proceder.

Creo además que esta reforma que empieza a construirse sobre la base de exaltar el precedente judicial, y que el precedente judicial se convierta además en una unificación rigurosa que le permita a los jueces, a los magistrados de los Tribunales tener un conocimiento en tiempo real en los lineamientos interpretativos del derecho, son también una herramienta muy poderosa que tendrá efecto en el país.

Esa unificación jurisprudencial la destaco también como uno de los grandes avances en el diálogo que hemos tenido.

Por supuesto, se ha dado un diálogo importante sobre la tutela. La tutela es una de las más importantes conquistas del pueblo colombiano en la deliberación que se dio en el marco de la Constitución del 91.

Es una herramienta para que los derechos se protejan de manera rápida, pero también se requiere que esa acción de tutela se fortalezca y no se desnaturalice. Y celebro que se haya abierto un camino de mayor claridad para establecer las fronteras cuando se trata de tutela contra sentencias judiciales que, además, tengamos mejores herramientas de precisión que protejan, que la activación del aparato judicial no es caprichosa, sino que tiene los lineamientos cada vez mejor establecidos.

Celebro también que en este diálogo para la reforma se plantea que las Cortes se pronuncien con sus sentencias firmadas por todos los magistrados y con los debidos salvamentos de voto para que no se presenten interpretaciones ocasionales, porque de pronto los comunicados de prensa no han podido recoger todo el sentimiento orientador del pronunciamiento de los jueces.

Estas son tan sólo algunas de las puntadas que se han dado. Que se podrán mejorar en el debate parlamentario, desde luego, para eso está el Congreso. Que se podrán enriquecer con la visión, el interés, la filosofía de muchos de los magistrados de las Altas Cortés, desde luego, y para eso también está el Congreso para escuchar la opinión de los que administran justicia.

Pero estos elementos básicos que he manifestado acá como parte del proyecto que se presentará celebró que haya sido producto del diálogo, celebro que haya sido también acogiendo la opinión de los sindicatos de la Rama, de los trabajadores de la Rama.

Celebro que podamos construir fraternidad entre el Poder Ejecutivo y las Cortes.

Nunca pretenderé invadir la competencia de las Cortes, respeto sus decisiones. Entiendo también los debates que una sociedad plural puede tener sobre ellas y bienvenidos sean en democracia, siempre con respeto y siempre con el deseo de que esto pueda llevarnos a un gran pacto por la justicia, porque hay muchos que han pretendido pescar en río revuelto buscando reformas a la justicia con intereses vanidosos quizás, u otros tratando de convertir la reforma a la justicia en una expresión de fundamentos ideológicos.

Yo preferí demorarme en este debate. Yo preferí demorarme porque aquí no puede ser la reforma de un Presidente, porque aquí no se trata de la Reforma del Poder Ejecutivo. Yo lo que quise es propiciar este diálogo, y ustedes además lo han propiciado con su liderazgo magistrados.

Y lo que tenemos que demostrarle a Colombia es que somos capaces de hacer una reforma construida por todos.

Hoy les digo a todos los jueces que nos acompañan acá, a todos los magistrados, que de parte mía, hay un Presidente amigo que quiere trabajar por el bienestar de todos los actores de la Rama.

Tenemos dificultades presupuestales porque muchas de las tareas han estado desfinanciadas y uno de los grandes errores que ha cometido el Estado, en su época reciente, es tener la capacidad de prometer sin poder cuantificar ni el costo ni la implementación de sus promesas.

Eso no ocurrirá con este Gobierno, yo prefiero ruborizarme si es del caso, pero decirle a la ciudadanía lo que se puede y lo que no se puede, porque la palabra del Estado hay que recuperarla.

Y pueden tener ustedes la plena certeza que hoy con mi presencia lo que he querido es rendirle un homenaje al trabajo denodado de nuestros jueces.
Esa imagen de José Ignacio de Márquez, que recordaba esta mañana, como uno de los grandes juristas de nuestra historia, y un Presidente, que quizás no ha sido lo suficientemente estudiado por los historiadores.

Fue el mayor promotor de la Rama Judicial en la historia de nuestro país. Fue el mayor inspirador de las Cortes admirables que acompañaron los albores de la República. Y no pretendo usurparle ese tesoro a José Ignacio de Márquez, pero sí aspiro que con la construcción de una reforma a la justicia hecha por nosotros quede en la memoria los colombianos un Presidente que quiso darlo todo por una mejor justicia.

 

Muchísimas gracias

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